Redacción Médica Ecuador

Sábado, 21 de septiembre de 2019
17:19
Salud Pública
SISTEMA DE VIGILANCIA
El país no cuenta con un registro de defectos congénitos, según OPS
En la región los registros con mayor trayectoria son los de Argentina y Costa Rica
Jueves, 15 de agosto de 2019, a las 12:36
Pablo Durn, asesor regional en Salud Neonatal del CLAP de OPS.

Pablo Durán, asesor regional en Salud Neonatal del CLAP de OPS.


Redacción. Quito
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha informado que solo una docena de países de América Latina cuentan con un sistema de vigilancia de defectos congénitos, mediante el cual monitorean a los niños que nacen con estos defectos para comprender mejor por qué ocurren estas anomalías, su frecuencia y cómo se puede mejorar su supervivencia y calidad de vida.
 
De acuerdo a lo indicado, los países son Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Sin embargo, la iniciativa más antigua que incentivó el desarrollo de registros de base poblacional similares fue el Estudio Colaborativo Latinoamericano de Malformaciones Congénitas (Eclamc), creado en 1967 con apoyo de la OPS.
 
Es fundamental que los países cuenten con este tipo de registros, que les permiten conocer la carga de enfermedad por defectos congénitos y sus características, una información que contribuye a planificar las acciones y las respuestas de los efectores de salud”, ha considerado Pablo Durán, asesor regional en Salud Neonatal del Centro Latinoamericano de Perinatología, Salud de la Mujer y Reproductiva (CLAP) de OPS.
 
Según la OPS, los defectos congénitos son la segunda causa de mortalidad neonatal e infantil a nivel mundial. En las Américas, aproximadamente 1 de cada 10 muertes de niños menores de 5 años se debe a estas anomalías. No obstante, la información disponible sobre la carga de estas condiciones es limitada.
 
Debido a la gran utilidad de estos sistemas, Ieda Orioli, una de las colaboradoras de Eclamc, ha recomendado a los países impulsar estas iniciativas y ponerse en contacto con otras experiencias como la Red Latinoamericana de Malformaciones Congénitas.
 
Es importante la capacitación con otros países y contactar con redes, no solo regionales sino internacionales, para aprender de las buenas prácticas en esta área”, ha mencionado.
 
Hacia nuevos registros de vigilancia de defectos congénitos
 
Con la finalidad de que los países que aún no cuentan con sistemas de vigilancia consigan desarrollarlos, el CLAP de la OPS brinda cooperación técnica dirigida a profesionales como neonatólogos, genetistas y epidemiólogos, y tomadores de decisión de los ministerios de salud para fortalecer el monitoreo de anomalías congénitas.
 
“Las capacitaciones ayudan a mejorar la vigilancia en los países donde ya existe un registro y a promover su creación en aquellos que no lo tenían activo”, ha sostenido Ignacio Zarante, de la Universidad Javeriana en Bogotá.
 
La OPS busca consolidar a mediano plazo una red regional que permita generar una mayor evidencia sobre los casos de defectos congénitos y también, acerca de las medidas que han dado resultado en los países.
 
Registros con mayor trayectoria en la región
 
La OPS ha señalado que dos de los registros con mayor trayectoria en las Américas son la Red Nacional de Anomalías Congénitas (RENAC) de Argentina, que funciona hace una década, y el Centro de Registro de Malformaciones Congénitas (CREC), de Costa Rica, que se creó en 1985.
 
La RENAC incluye aproximadamente 150 hospitales públicos y privados de las 24 jurisdicciones de Argentina. Uno de sus logros ha sido incluir en la agenda de salud el tema de los defectos congénitos, así como favorecer la investigación científica local y poner en contacto al paciente y el especialista, lo que ha reducido el tiempo de demora de las consultas.
 
Experiencia similar ha vivido el CREC de Costa Rica, que a partir de conocer la frecuencia de los defectos congénitos en la salud pública del país consiguió medir el impacto de las políticas de prevención, como la fortificación de alimentos o la vacuna contra la rubeola.

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